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Destino marcado

Por imperativo felino

Llega el fin de semana y percibo la posibilidad de utilizar el tiempo a mi libre albedrío. Lo único que tengo que decidir es la gestión de mis diversos cometidos, que no son pocos, porque los mismos se multiplican a medida que todo cobra forma. Todo ello configura un abanico multicolor que deseo abarcar en función de la prioridad que otorgue a cada color del arco iris que se encuentra ante mí.

 

A veces, mi firme decisión queda frágilmente truncada por algo imprevisible que no depende de mí, sino de lo que MI GATA DECIDE.

 

Ella, mi gata Bosquina, conoce todos y cada uno de los movimientos que sus dueños, (mi pareja y yo), desarrollamos según sea día laborable o no. Ella tiene este sexto sentido (que los etólogos descubren en los felinos) y que usan para captar las vibraciones de su entorno y, tras interpretarlas, suelen utilizarlas para someter a los humanos a su caprichoso dominio.

Bosquina y su dueño son inseparables. La gata se ha convertido en lo más parecido a un apéndice de él, le sigue a cada paso y donde quiera esté. A veces envidio la adoración que se profesan, no es que yo no la adore, y mucho, pero es ella, Bosquina, quién ha ido determinando el reparto de agasajos entre su dueño y yo.

 

A mí me ha otorgado la gestión de los cuidados referentes a la higiene de sus utensilios: caja WC, platos para su comida y bebida, platitos para premios chucheriles, cesto para dormir, etc. A él le concede mayor grado de responsabilidad emocional e intimidad y, justo esto, es lo que a veces admiro de ellos dos.

 

A punto estaba de levantarme esta mañana con el tiempo planificado: desayunar, leer la prensa, seguir el enigmático discurso del candidato a presidir la Generalitat cuando, de modo inesperado Bosquina ha dado un salto y se ha acurrucado en la cama junto a mí, hecho que puedo considerar como un extraordinario regalo teniendo en cuenta que su dueño (al que suele obsequiar con tales carantoñas) ya se estaba preparado para salir a dar su paseo matutino.

 

Él y yo nos hemos quedado mirándo muy sorprendidos ante la deferencia a la que yo estaba siendo objeto y ambos también hemos convenido que, ante un hecho semejante, mis citados planes se tenían que posponer inexorablemente.

 

La celebración de un regalo tan desinteresado por parte de nuestra misteriosa felina es algo valiosísimo.

 

Nosotros estamos convencidos de que ella sabe perfectamente cuáles son nuestros propósitos e intenta disuadirnos a su manera en el convencimiento de que no dejaremos de sucumbir a sus zalameros encantos.

 

Lo peor, (o lo mejor, según se mire), es que ella siempre gana gracias a un desconocido arte, cuyos orígenes sólo podemos hallar en los telúricos recovecos del lejano Egipto y escritos en un pergamino indescifrable dictado por la diosa Bast.  Vamos, así nos gustaría que fuera.

 

No hay acción que realizar mientras Bosquina me regale su proximidad. Entonces me obligo a permanecer quieta junto a ella, sometida a sus deseos en señal de agradecimiento por el maravilloso gesto de dar al traste con mis planes de libertad.

de Mariana Bellido el 13/05/2018

Comentarios:

Bosquina el 14/05/18 a las 12:55
Me encanta

Miauuuu..rrrrrrrrrrrrr (R de ronroneo) que ella diría!!!! Muy agradecida por tu fidelidad y por tus respuestas. Un abrazo humano.

FRX el 14/05/18 a las 08:49
Me encanta

Miau marramiau.... que diria ella !!!! Jajaja...Saludos de tu fiel lector.

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