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Gay and the City (Cap.62)

Orgullo y Maricas

Hola amigos del GayXample,

 

No sabéis lo que es ser una superestrella con corona. Me tienen enredada en todas partes, no me dejan tranquila explicaros mi maravillosa existencia. Pero bueno, no sufráis más, porque ya he encontrado un ratito entre polvo y estreno, para explicaros mis últimas vivencias como magnánima Reina.

 

Como supongo que ya sabéis (y si no, informaos un poco antes de leerme, marranas), hace unas semanas tuvo lugar el festival más esperado del momento, la antesala del Circuit: “El Pride Barcelona”. No sabéis como fue aquello… ahí sí que me sentí la Reina del mundo y del universo.

 

Pero empecemos por el principio…

Todo comenzó cuando llegamos al emplazamiento desde el cual salían todas las carrozas, cargadas de maricas, bollos, trans y viceversa. Tal cual llegamos, yo y mis amigos (súbditos, fieles siervas de la señora) empezamos con una cervecita y….

 

Total, que nos subimos a la carroza y el cacharro empezó a arrancar pa’lante. Toda la gente aplaudiendo, vitoreándome desde abajo, me hizo sentir lo gran Reina que soy. Eso sí, entre la cantidad de alcohol y los bailes que nos pegábamos, me sentí como una de las protas del Bar Coyote, ahí, en todo lo alto, en la cima. Y más en la cima me sentí cuando, estando Lucrecia y yo (Lucre es la Juani, que le cambié el nombre porque me salió del toto) veo que viene hacía nosotros… no un hombre, era un Dios griego, en mayúsculas.

  

 

Y tan alto que estábamos… que nos pillamos un colocón que ni la Paris en Ibiza. Así que nada más bajarnos, tuve que dejar mi glamour a un lado e ir a cenar al McDonald’s. Aunque no quiera reconocerlo chicos, entre mis altos niveles de alcohol y mi bella calva… ¡Parecía la Britney del 2007! Fue entonces, cuando dejó de cantar la Kate Ryan, que entramos a la fiesta que hacían en el muelle… y ahí ya pasaron demasiadas cosas.

 

En primer lugar, hubo dispersión general por el recinto, seguida de dos guerreras caídas en combate, victimas del cansancio (o más bien de la mejor amiga de la Lohan: La borrachera). Dos se nos fueron a por unas cervezas a una terraza, fuera de la fiesta. A la vuelta (dos hora y media después), nos explicaron que, así, como quien no quiere la cosa, se habían marcado un sinpa (para las catetas de pueblo, un sin pagar; vamos que se fueron del bar sin pagar una triste hormiga). A lo que reaccioné con mi mejor carcajada. El resto, los íbamos perdiendo y encontrando a ratos.

 

Ya acabó esa fiesta (allá hacía la 01:00 a.m.), y cuando Lucre y yo vimos que nuestros índices de alcohol estaban más por los suelos que la carrera musical de Masiel, fue el momento decisivo: “Vamos a tú casa a beber ¡YA!”. Así que nos fuimos los que quedábamos (4 de 8) para su casa.

 

Allí, entre vodka y vodka, Lucrecia se nos puso guapa (porque mi hermana y una amiga, le empezaron a poner rímel en las pestañas) y cuando estuvimos listas, nos fuimos a Tanga, la fiesta por excelencia.

 

Una vez allí, después de que el resto se enterará que tenían que pagar 15€ a las 03:00 a.m. se negaron a entrar. Se quedaron debatiendo en la puerta, mientras nosotras dos bajábamos a bailar y seguir bebiendo nuestra consumición. A la hora, aparece el resto, triunfales por la puerta:

 

(R de Reina, P de Persona)

R: ¡AAAAAH! ¿Cómo habéis entrado cari? ¿Al final habéis pagado?P: ¡¿Pagar?! ¡Ya te he dicho que yo no pagaba! He entrado gratis (pose de diva)R: ¡Oh, my god! ¿Cómo?

 

Y hasta aquí la conversación, porque pusieron a la Beyoncé y ya me perdí. No había dios que me bajara del pódium, me convertí en la Reina de la noche. Desbanqué a una travesti que quería quitarme el puesto, y que me empujaba, igual que las maricas envidiosas. Pero yo me hice mi hueco en el escenario, y empecé a bailar como si no hubiera un mañana. Mientras, el resto, se coló en la zona VIP, y se empezaron a servir cubatas, y cubatas y cubatas… ¡Hasta a los desconocidos! Se nos fue de las manos la noche…

 

Y nos dieron las 8 de la mañana, cuando se acabó la fiesta. Y ahí estábamos, sentados en un banco, mientras nuestros amigos hablaban, ligaban, y yo ahí, con la espalda contracturada de bailar y cansada del escenario. Me fui para casa, porque ese mismo día (que ya era domingo) me tocaba Choco Churros con la Lucrecia.Me desperté, comí, me duché y me fui con la Lucre a ver el panorama de los churros. Y la tarde-noche, fue… caótica, agobiante, cansada, pero divertida.

 

Y ese fue mi fin de semana del Pride. Fue tan espectacular, que se me pusieron las anginas como las tetas de la Scarlett Johanson. Pero no lo cambio por nada del mundo, fue de lo mejor del año.

 

Y hasta aquí las noticas reales queridos súbditos. La próxima vez (espero que sea más pronto) os cuento como es eso de ser la Reina estrella. En mi ausencia, recordad mis consejos: follad, felad, vivid, sed malas, y adoradme siempre.

 

Me gusta ser gay, pero a veces… ¡Es demasiado Orgullo!

 

Besitos de parte de la Reina Marica.

 

de Fran Van Der el 06/09/2016

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