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De la ropa y otras fórmulas del entusiasmo

Boutiques

La vida me sorprende a cada paso. Mi curiosidad aumenta cuando ante un mismo hecho dos personas lo perciben de muy distinta manera.

 

Esta semana, después de mucho tiempo sin ir de tiendas y ante la bonanza primaveral, me he tomado un día libre para acceder a un ritual muy mío que consiste en elegir una zona de tiendas y entrar en cada una de ellas sin una idea preconcebida, escrutando minuciosamente todas y cada una de las prendas de temporada a la espera de coincidir con aquella que me ofrezca un impulso de pasión, ya puede ser una blusa, un pantalón, una camiseta, cualquier cosa que me haga sentir que esa prenda está ahí para mí, esperando a que yo me cruce con ella.

 

Ya que mi deambular de un escaparate a otro puede resultar monótono o cansado para algunas personas, ahora lo hago a solas. A mi me divierte y me resulta hasta excitante entrar en una tienda de lencería,  zapatos,  bisutería  etc,  y mirar sin prisa todos y cada uno de los artículos expuestos.

 

Hasta hace unos meses, esta gestión solía hacerla en compañía de una amiga, y el asunto resultaba divertido salvo cuando en muchas ocasiones, (es lógico que suela ocurrir), nuestros gustos en la elección de establecimiento y productos no eran coincidentes.

Ahora voy de tiendas sola, desde la intimidad de mi propia compañía, sin sopesar si tardo mucho, poco o regular. Entro y salgo de los probadores, a veces sin decidirme a comprar, agradezco siempre la atención de las vendedoras aunque soy de poco molestar. Propicio que la sorpresa de la prenda fetiche me encuentre a solas y me enamore consecuentemente.

 

Soy consciente de que eso para mí es disfrutar, y si se da el caso, como ocurrió en una última ocasión, de encontrar  (entre este fascinante revoltijo de ropa a precios rebajados) la camiseta desestructurada con toque de envejecimiento inmotivado, el éxito es total.

 

Como decía al inicio, el mismo hecho de búsqueda y captura de prendas anheladas, para mi pareja es un suplicio en toda regla. Él se escaparía en tantas ocasiones como le fueran posibles para no llevar a cabo la compra de prendas de vestir y demás trapos. Él no disfruta comprando ropa, lo hace cuando es de absoluta necesidad. Y entonces lo veo tan desolado que me brindo a acompañarlo al suplicio de encontrar, por ejemplo, una camisa que pueda gustarle. Y aquí se desata el drama: proclama que no piensa probarse prenda alguna.

 

La solución que funciona perfectamente es llevar una de las camisas que suele usar con el fin de no tener que pasar por el probador. Nos dirigimos a los grandes almacenes como si lo llevara al peor de los suplicios. Una vez allí vamos directos a la sección de caballeros, buscando la complicidad de la vendedora para  que entienda que este cliente no se probará la camisa, que ésta debe ser de iguales dimensiones como la que yo llevo de muestra. Él se limita a elegir el color y la dependienta y yo ponemos su vieja camisa sobre la nueva hasta que las medidas de ambas encajan a la perfección y así termina la compra. En realidad es una tarea breve, sólo es cuestión de minutos. Ya se sabe, el mejor dolor es el dolor breve.

 

Mientras desciende las escaleras del local que lo llevarán a la calle, descubro en su expresión de alegría la del condenado que, indultado en el último segundo, baja las escaleras del patíbulo y consigue la libertad soñada. Así son las cosas.

de Mariana Bellido el 08/04/2018

Comentarios:

Bosquina el 08/04/18 a las 18:20
Me encanta

Me alegra tu constatación, de algún modo me tranquiliza saber que no es único el terror que atenaza a mi pareja ante sus propias compras. Por supuesto que no somos iguales, bienvenidas sean las diferencias,lo que en mi caso defiendo a ultranza es la igualdad en todos los sentidos. Gracias FRX por comentar, te extrañé la semana pasada. Un saludo afectuoso.

FRX el 08/04/18 a las 14:01
Me encanta

Jajaja.... ese suplicio no es unico de tu pareja!! Constato en primera persona que esto es mas intrinseco de lo que parecr al sector masculino de nuestra humanidad. Es decir ... no somos iguales ambos sexos!! Aunque algunos pretendan e insistan en que debamos serlo.

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